jueves, 8 de mayo de 2008

ES UN DÍA CUALQUIERA


Es un día cualquiera de la semana:
y me toca el reloj, por la mañana.
Lo primero que hago es ir al baño,
que es lo que hacemos todos, al levantarnos.
Una vez terminada, esa premisa,
me voy a la cocina, a toda prisa.
Preparo las tostadas, pongo el café.
La leche con cacao… Hago mi te
y algunos bocadillos, para ellos tres.

El primero que marcha es mi marido.
Los niños desayunan, casi dormidos.
Zalamera mi hija dice a mi oído:
“¡Que no te olvides hoy de mi vestido!”
Su hermano que la oye, salta ligero:
“¡Antes que tu vestido son mis vaqueros!”
El tiempo se les pasa; salen corriendo
y yo llena de gozo les voy siguiendo...

Por fin cierro la puerta, quedo parada.
¡Por dónde empiezo, hoy esta jornada!

Me dirijo a los cuartos; abro ventanas;
recojo la cocina; hago las camas…
Voy temprano a la compra, luego al volver,
ya me siento, dispuesta para coser.

Por fin pongo el vestido para probarlo,
y cojo el pantalón para arreglarlo.
El teléfono suena… Voy enseguida;
porque todo es preciso, en esta vida.
Me piden que no falte a la reunión
prevista, sobre el tema de educación.

Después cojo la ropa para planchar,
la que ayer fue imposible de terminar.
Despacio una camisa, yo voy planchando
y siento que mi alma se va llenando
de preguntas, de siempre, que me atormentan,
sin que jamás le encuentre una respuesta.

Se me ocurre una idea. Me quedo quieta;
tomo corriendo el lápiz y la libreta.
Escribo lo que siento, lo que imagino:
lo que busco, y no encuentro, en mi camino.

Una percha colgada, sin la camisa,
me saca de mis sueños de poetisa;
y la luz de la plancha, roja, encendida,
me recuerda de nuevo mi cometida.

Cierro triste el cuaderno; miro el reloj…
¡Tan sólo falta un cuarto para las dos!
Ligera he de pasar la aspiradora,
y ver si ha terminado la lavadora.

Me voy a la nevera, a la despensa;
preparo la comida, pongo la mesa ...
Ay, de aquellos que dicen cuando se casan.
“Mi mujer no trabaja, se queda en casa”.

Uno a uno, por fin, vienen llegando
y entorno a la mesa se van sentando.
Hablamos de mil cosas, sobre ese día,
ellos cuentan las suyas, y yo las mías.

Mi río de ese dicho ya centenario,
que el ser ama de casa es rutinario,
O de aquella que dice, toda arrogante,
que esto de tener hijos, es aliniante.
Y, a cambio nos ofrecen, en una banda,
el repetir mil veces lo que otro manda.

A veces en la vida sólo es cuestión,
de tomar esos dichos con mucho humor
O, de pararte a solas, y valorar,
¡Y, hacer lo que tú creas que valga más!
...

4 comentarios:

gazpacho con arepa dijo...

me encanta este giro que has dado a lo cotidiano.
Desde hace tiempo siempre digo que el sepa sacarle jugo a la cotidianidad, ya ha triunfado. Al menos en la palabra, ya lo has hecho.
Un beso

desde Lebrija para el mundo dijo...

Fur una forma de hacer frente a una nueva situación. Y la verdad, me di cuenta que todo puede tener mucho sentido si se le da.
besos

Conral dijo...

Poemas largos que con palabras sencillas cuentan historias. Este me ha recordado a Gloria Fuertes, no sé por qué, pero así ha sido.
Espero que sigáis bien.
Un abrazo, Antonia y gracias por compatir tus poemas.
Conchi

desde Lebrija para el mundo dijo...

Las entradas se quedan atras y... Hoy he repasado el blog y encuentro comentarios que no he tenido la atención de agradecer. Gracias Conchi; el poema es tan largo y sencillo como la vida misma. Tus recuerdos a Gloria Fuente me alagan, pues me encanta.
Un abrazo